sábado, 6 de julio de 2013

A medida que sus huesos y sus párpados comienzan a volverse etéreos, el sonido del piano suave de fondo se va fundiendo con la respiración larga y distendida. El humo del cigarrillo que dejó olvidado en su aposento dibuja fantasmas que sobreviven al tiempo y le inundan las entrañas. Allá a lo lejos un árbol, en el horizonte, allá se encuentra ella misma leyendo una novela. Y el aroma dulzón del sahumerio se nutre de pasto recién cortado, de lluvia de atardeceres. Y ahora está presa de su propia mente, pero vuela, vuela pretendiendo no volver.

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