domingo, 4 de agosto de 2013


Impunidad de una espiral tan cerrada

en que el sonido se filtra con dificultad
y la jaula se abre de par en par y se 
esfuerza para que las palabras se incorporen
y se hagan parte de esa continuidad narrada.
Como un maniquí inútil, sos el espejo del miedo.
Quiero desterrarte. Sacarte de mi espiral. Es MÍ espiral.
No quiero que me tape el paisaje un estúpido maniquí.
Pero ese maniquí sigue ahí, inmovil, escudado de sarcasmo.
Se incoporó al espiral y, como él, es infinito.

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