lunes, 5 de agosto de 2013

La niña escondía bajo su vestido florido una triste sombra que la apagaba. En sus días de amores de película que disfrutaba por tv, esa sombra crecía y crecía hasta inundarla por completo y se ahogaba en un mar de sombra y lágrimas. La niña se ensombrecía hasta no ser más que esa sombra. No quedaban restos de la niña.

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