lunes, 2 de diciembre de 2013

Nos devoraron

Como carreteras del tiempo
el mundo en cada sombra y cada luz
y aunque las calles no tiemblen
existe algo que se vive como lluvia
que se precipita, se derrumba
con insólita devoción
en cada vértebra de la columna universal
que se mece
y se mece y se mece y las vías de un tren
rojas, azules, verdes, con un sonido de alerta
tan obvio, tan imperceptible
y el viento, el viento agobiado y espeso
mientras tanto, las calles que atraviesan la ciudad
se devoran conformando una maraña
que nos vive a nosotros
habitando nuestros ojos mudos.

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