jueves, 30 de enero de 2014

Observador de un instante revelador

Creo que para contarte esto necesito mirar hacia adelante, exactamente ese lugar en que nada más importa lo que está por venir.
Estoy aquí y huele a humedad. Mi cuerpo se siente de la misma forma, un sudor frío y lerdo corre por mi espalda y quiero decir algo pero no puedo extirparlo de mi lengua. Abran la puerta, abran esa puerta o me volveré loco. Tus gritos, un llanto desgarrador, voces que te alientan a que soportes todo eso que te está pasando y empujes. Abran la puerta. Me sube una risa eufórica y volcánica desde mi libido y estalla en mi cerebro convulsionando como una tempestad de autos atascados en la ruta. Me amenazan unas náuseas que nunca llegan.
Pero es así como las flores nacen. Después de una lucha contra ese demonio nuestro que por llamarlo de alguna forma lo nombramos Alma, viene el largo y merecido suspiro. Ese suspiro que provoca la imagen frente a nuestros ojos, de la puerta que se abre y esa misma mujer que imploraba vida con dolor genuino y tierno, ahora inunda la habitación de lágrimas y carcajadas y un nombre nuevo, para ese sol, ese sol que al fin supo llamarse Luz.

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