jueves, 6 de marzo de 2014

Espejo de la soledad

Y un buen día se supo sólo al fin.

Sus momentos habían transcurrido siempre
atravesados por dos luces brillantes
que lo atrapaban
de ambos lados de su cuerpo enfermo.

Pero un buen día amaneció y no dijo nada
ni siquiera quiso recordar lo que había soñado
y así dejó que el tiempo muriera
hasta el anochecer.

Una vez oscurecido el cielo
salió al patio y al elevar sus ojos
fue como un espejo.
Ya no las luces
ya no el abrazo
sino un espejo.

Aquella fue la primra noche
sin luna.

Sólo su gato lo persiguió
a cada paso. En silencio.

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