martes, 15 de julio de 2014

El fin del mundo


Arriba de la computadora, madre de todos los vicios, apoyo el papel mudo en el que la lapicera ventila sin piedad mis más terribles miedos. Una vez que el vacío queda plasmado, con esta letra estirada y temblorosa, apurada, que parece querer escapar de la hoja, ya no hay vuelta atrás.


Me pregunto por qué o para qué busco la aprobación de la gente para hablar. Intento ya no pensar. Escribo.


Mi vida transcurre en un constante devenir del presente, pienso. Por lo demás, no sé quién soy y tengo miedo. El papel en blanco me aterra. Porque me interpela, me pone contra la espada y la pared y no puedo más que dejar la ficción para después.

Creo estar tocando las paredes de la locura. Estoy tan acostumbrada a poner en exposición esta víbora que se confunde con mi piel que, ahora que hablo conmigo misma, me asfixia. Me ahoga de asco. Tengo miedo.

Estoy en el fin del mundo y ese mundo es la mentira.

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