sábado, 10 de enero de 2015

Un sueño imposible

Érase una vez un mundo
de niños y niñas que dedicaban su vida
a contemplar el cielo y el movimiento
de sus caderas alrededor del aro
y de las nubes que maravilladas 
nunca querían terminar de irse.
Érase una vez un mundo
de perros sin bozal y de jadeos
de tanto tiempo por delante y sin apuros
y de tallos florecidos de promesas.
Érase una vez un mundo
de cajones repletos de frutas y verduras
y de árboles que estallaban de recursos
y de libros abiertos en cualquier sitio.
Érase una vez un mundo
de sonrisas y sin quejas
en donde el por favor se transformaba
en que andes muy contento todo el día
porque no teníamos que pedir favores
porque lo que querías estaba allí al alcance de tus manos
y nadie te pedía nada a cambio de dártelo.
Érase una vez un mundo
de mañanas laboriosas y trabajo parejo
pero no más duro de lo necesario
como para que no le sobre
pero que tampoco le falte
ni un bien ni un servicio a nadie.
Érase una vez un mundo posible
de un presente incansable y continuo
en donde el mañana no importaba
porque las ocupaciones eran varias
y la felicidad una bandera.
Érase una isla remota
enterrada por millones de billetes
con olor a muerte y desilusión.

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