jueves, 5 de febrero de 2015

Nos encontramos entre cafés y despedidas una tarde de febrero.
Temblaba el cemento bajo el sol que derretía voluntades
y el taxi llamaba
un bocinazo
dos
tres
¡Ya voooooooy!
Último sorbo de café y me miraste
me dejaste el alma en la mano
te subiste al auto y olvidaste
un bolso pequeño.
No me contuve y lo abrí
y en él encontré
la servilleta que durante la cita estuviste usando
mientras que con el otro brazo ibas tapando lo que escribías
para que yo no lo viera.
En esa servilleta decía
con letras arrepentidas e irremediables:
ya no me esperes.

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