domingo, 15 de marzo de 2015

Y reírnos a orillas del sol, con los brazos en alto
calentar nuestros ojos con la mismísima vida, que pareciera
ser la única verdad aún reinante
y reventar a cascotazos las nubes
que amenazan con llovernos un silencio lapidario
y morirnos de tanta belleza, apagar por fin la cabeza.
Pero no, porque el tiempo apremia
y los días se pasan volando, como
si tuvieran otra cosa que hacer
más que suicidarse a cada instante.

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