viernes, 6 de noviembre de 2015

Retrato de infancia

Me gustaba asustar palomas en plazas de Buenos Aires. Ellas, inocentes, comían su pan y no 

sabían,  ni siquiera podían sospechar mi brutalidad carcajada. Las avasallaba y reía como

loca, malvada en mi pequeñez, y continuaba caminando las veredas envenenadas 

de historia  y yo tampoco sabía que esas calles transpiraban monumentos que narraban la 

crueldad y la tristeza, el miedo y la agonía. 


Esas palomas, esos monumentos, el testimonio de la libertad, y mi ingenua topadora, ese 

paisaje era para sentarse en un banco a llorar semillas, esas palomas estaban tan solas, solo 

querían alimentarse, sólo buscaban sobrevivirle a la lluvia, pero no, topadora, carcajada, 

pero sí, amor, amor, amor.


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