martes, 1 de marzo de 2016

Un sonido muy profundo

 
El niño tenía una trompeta que se llamaba caracola. Sonaba tan profunda, que su melodía era capaz de dormir al niño. Entonces él se dormía y aparecía en playas sin horizonte, donde encontraba, en la orilla, caracolas que al llevárselas a sus oídos, lo sumían en un profundo sueño que lo devolvía a su cuarto, en donde abría los ojos y se encontraba recostado en el piso, abrazado a su trompeta.

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