lunes, 28 de noviembre de 2016

Sumergida


Silencio.

Por las palmas desérticas de mis manos
corre el río del olvido
cada vez más turbulento:
ya no veo mis manos.


En la viscosidad se hunden
transparencias
en el agua
se quedan en el fondo
y no se escuchan.


Y sé que no germinará entonces
la fruta prohibida de la selva posible
que tantos labios
sobre tantas camas
sobre tantos libros
pudieron balbucear.

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